viernes, 7 de abril de 2017

Semana Santa cartagenera e infantil





Serenata Virgen de la Caridad - Cartagena 2017


Estas son las mañanitas

Hoy es el día grande de Cartagena, hoy es el Viernes de Dolores, día de la Patrona de la ciudad y el pueblo de Cartagena saluda a la Virgen cantándole al empezar su día:



miércoles, 8 de febrero de 2017

La conversación se muere

Se publica en España el último ensayo de la investigadora del MIT, Sherry Turkle
La conversación se muere
"Sin conversación cara a cara perdemos lo que nos diferencia de otras especies: la humanidad"
"Los estudiantes universitarios preferían darse descargas eléctricas antes que estar a solas con sus ideas"
"Ha surgido un nuevo ser, hiperconectado, definido por 'comparto, luego existo', pero que se siente solo
08/02/2017 02:57
"¿Acaso todos estos pequeños tuits, estos sorbitos de conexión online, no suman juntos un gran trago de conversación real?", se preguntó el actor y cómico estadounidense Stephen Colbert. Un interrogante que se quedó rondando en la cabeza de Sherry Turkle, profesora del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) y con tres décadas dedicadas a la investigación de las relaciones entre el hombre y la tecnología. "No", fue su respuesta tajante. "La tecnología ha hecho que estemos experimentando una huida de la conversación cara a cara" y esto tiene consecuencias muy negativas porque "la conversación es la base de la democracia y los negocios, sustenta la empatía y es básica para la amistad, el amor, el aprendizaje y la productividad". Sin ella, dice esta experta, "perdemos aquello que nos diferencia del resto de las especies, perdemos nuestra humanidad".
Tras entrevistar durante cinco años a cientos de personas en el ámbito laboral, familiar y educativo y después de reflexionar sobre sus propias experiencias y de revisar estudios sobre el asunto, Sherry Turkle publica en España este 8 de febrero 'En defensa de la conversación' (Ático de Los Libros), un análisis sobre el riesgo que corremos al perder la capacidad de hablar a la cara, al eliminar el contacto visual, al negarnos la espontaneidad en una charla en persona. Casi 500 páginas sobre esta "grave amenaza" que tenemos encima, este conversicidio que estamos cometiendo, pero con un mensaje optimista: "estamos a tiempo de atajar el problema. Tenemos lo más importante, nos tenemos los unos a los otros".
En "el libro que hará que hablemos sobre cómo ya nunca hablamos", según lo describió 'The Washington Post' y que "evoca un periodo, no muy lejano en el tiempo, en el que la conversación, la privacidad y el debate no eran boutiques de lujo", como escribió The New York Times', esta psicóloga -no antitecnológica pero sí proconversación- habla de una "crisis de empatía", porque "incluso un teléfono en silencio sobre la mesa nos desconecta". Turkle constata que ahora "esperamos más de la tecnología y menos del otro" y que "hemos sacrificado la conversación por la mera conexión". Pero que tras esto se esconde una dolorosa realidad: "la sensación de que nadie nos escucha".
Ha surgido un nuevo ser, multitarea, hiperconectado, que se define por "comparto, luego existo", pero que, paradójicamente, se siente más solo. "Hemos pasado de estar en una comunidad a tener la sensación de estar en una comunidad. ¿Hemos pasado también de la empatía a la sensación de empatía? ¿De la amistad a la sensación de la amistad? Debemos prestar mucha atención a esto", advierte la especialista del MIT.
"No soportamos estar a solas"
En una entrevista con EL MUNDO, Turkle comenta que al poco de empezar a investigar se dio cuenta de "la estrecha relación que existía entre la huida de la conversación y la huida de la soledad. La gente tiene miedo de pasar tiempo a solas. Trabajos realizados con estudiantes universitarios demuestran que éstos prefieren administrarse descargas eléctricas a sí mismos antes que estar a solas con sus pensamientos, sin teléfono, sin dispositivos o sin un libro. Para estos jóvenes, la soledad, con su carencia de estímulos externos, es algo literalmente insoportable". Han leído bien. Descargas con tal de no estar consigo mismos. Suena a ciencia ficción, pero es una escena de hoy.
Una cuarta parte de los adolescentes se conectan a un dispositivo durante los cinco primeros minutos después de despertar. Envían una media de 100 mensajes de texto al día.
"La presencia de dispositivos interactivos que siempre llevamos encima implica que nunca más tenemos que sentirnos solos. Esto se hace evidente en la cola del supermercado o en un semáforo en rojo: la gente no se permite tiempo para reflexionar. Pero la capacidad para pasar tiempo con uno es un requisito para cualquier relación", añade la autora. Y es importante porque trasciende el ámbito privado. Lo explica Turkle: "Ahora mismo en EEUU estamos viviendo un momento en el que necesitamos pensar profunda y críticamente sobre cuestiones políticas. No podemos limitarnos a reaccionar sin más", a tuitear sin más, "necesitamos pensar las cosas con calma. Reflexionar las consecuencias. Hablar con uno para poder hablar luego con los demás".
Pero esto no está ocurriendo. "Hacemos cosas que eran muy raras pero a las que nos hemos acostumbrado muy rápido. Por ejemplo, mandamos sms o entramos en Facebook durante reuniones corporativas. Chateamos en funerales. Nos alejamos de nuestro duelo para meternos en el móvil. Y lo que creo es que nos estamos metiendo en un problema", indica la psicóloga..
Paradójicamente esta entrevista se produce gracias a las nuevas tecnologías y a través del correo electrónico, no en persona. Una forma elegida por la propia Turkle pero en la que admite que nos perderemos cosas. "No se producirá una serendipia, no descubriremos nuestros intereses comunes, no habrá química. No tendré la posibilidad de entablar una amistad con alguien de España", responde por la parte que le toca.
Pero la investigadora del MIT quiere dejar clara una cosa: "He conocido a muchísima gente que describe la gran intimidad y la increíble calidez, sensualidad y conexión que sienten cuando se comunican a través de mensajes. Siento un nuevo respeto por lo que los mensajes son capaces de conseguir. Nos ofrecen una forma divertida, a veces erótica, a veces emocional y, a menudo, emocionante de comunicarnos. No estoy en contra de eso. Pero hay cosas que sólo la conversación puede aportarnos y es importante admitirlo".
Conversaciones en cuatro sillas
Matizado el hecho de que no propone el cara a cara en detrimento de los mensajes y que ésa es una discusión en la que no cree, Sherry analiza la conversación en todas las esferas y para ello recurre a las tres sillas que imaginó el escritor y filósofo Thoreau cuando se retiró al estanque Walden: las conversaciones con "una silla" -las que mantenemos con nosotros mismos, en soledad-; las de dos sillas -las charlas con los amigos- y las de tres sillas -las que se producen en el mundo laboral y educativo-. No obstante, la psicóloga añade una "cuarta silla": para las conversaciones que mantenemos con máquinas.
Sherry Turkle. Foto: Ático de los libros
Empecemos por lo que Turkle ha observado que nos sucede cuando estamos a solas con nosotros mismos. Y que es, básicamente, que no lo aguantamos. Esta experta insiste en la importancia de "encontrarnos a nosotros para hablar con los demás. Si no enseñas a tus hijos a estar a solas, únicamente aprenderán a ser personas solitarias".
"Hoy en día los padres no quieren que los hijos tengan ningún rato muerto. Pero el aburrimiento infantil es un motor, es la chispa que enciende la imaginación". Hablando con padres, la investigadora percibe que "se dan cuenta de que sus hijos son menos empáticos de lo que deberían ser a su edad". De hecho, según explicaron los maestros de una escuela estadounidense, "los niños de 12 años juegan en el patio como si tuvieran ocho. Se excluyen unos a otros como lo harían los chicos más pequeños. Y lo más doloroso es que no son capaces de ver cuándo hieren los sentimientos de los demás. Luego se sientan en el comedor y miran el teléfono. Cuando comparten cosas, lo que comparten es lo que hay en sus teléfonos. La vieja conversación enseñaba a sentir empatía. Estos estudiantes parecen comprenderse cada vez menos".
Y la situación empeora a medida que crecen. Según los estudios "durante los últimos 20 años hemos presenciado un declive de un 40% en los marcadores de empatía entre los estudiantes universitarios".
El 66% de los trabajadores que participaron en una encuesta afirmó no ser capaz de concentrarse en una sola cosa debido a las nuevas tecnologías.
Lo irónico es que "los padres se quejan de que los niños no quieren hablar con ellos porque están ocupados con el teléfono a la hora de comer; los hijos se quejan de que sus padres hacen lo mismo". No entienden que "las conversaciones en el seno de la familia son el campo de entrenamiento de la empatía y que no hay mejor manera de desincentivar el bullying que dotar a los niños de la capacidad de ponerse en el lugar del otro y reflexionar sobre el impacto de sus acciones". Dice la autora que "estamos privando a los niños no sólo de palabras, sino también de adultos que los miren a los ojos". Y lanza una pregunta al aire: ¿Prestaremos atención si, una década después, temerosos de quedarnos solos, nuestros hijos nos muestran el precio que hemos pagado?".
Primer paso: recuperar la atención
Una encuesta realizada en 2013 demostró que un 20% de la gente entre 18 y 34 años contestaba al teléfono mientras mantenía relaciones sexuales. Nueve de cada 10 estudiantes afirma enviar mensajes de texto en clase. El 80% duerme con sus móviles. Un 44% admite que nunca desconecta. "Recuperar la conversación empieza por recuperar nuestra atención", explica Turkle, que afirma que "las primeras generaciones de niños que crecieron con teléfonos inteligentes no saben cómo entablar una conversación ni se sienten cómodos cuando lo hacen, les provoca ansiedad". De hecho, los estudios citados en el libro demuestran que quienes pasan mucho tiempo conectados tienen menor capacidad para identificar sentimientos. Son menos empáticos y menos creativos.
La amistad, recoge el ensayo, también se resiente porque parece que "ahora consiste en estar siempre disponible, siempre alerta, por si hay alguna emergencia". Y ahí viene otra paradoja: cuando estamos separados: hipervigilancia. Cuando estamos juntos: falta de atención. El mundo laboral tampoco es ajeno a esto. Cientos de empresarios entrevistados para el libro reconocen sin titubeos que la conversación cara a cara es "un requisito para construir confianza, para vender algo y para cerrar un trato", además de mejorar la productividad y las relaciones entre empleados.
La cuarta silla que incorpora Turkle hace referencia a la tentación que sentimos no sólo de hablar a través de máquinas sino de hablar con máquinas. "El término inteligencia solía implicar sensibilidad, capacidad de percepción, conciencia, discernimiento, razón, agudeza e ingenio. Y, sin embargo, ahora decimos tranquilamente que las máquinas son inteligentes". Y ¿de qué hablamos cuando hablamos sobre las conversaciones que mantenemos con las máquinas? "Hablamos de nuestro miedo a los demás, de nuestras decepciones con los demás, de nuestra falta de vida en comunidad, de nuestra falta de tiempo". Y mientras "tratamos a las máquinas como si fueran casi humanas, tratamos a los seres humanos como si fueran casi máquinas".
Cierto. Su tesis nos deja tocados, pero aún no hundidos. A pesar de este panorama, no es demasiado tarde. "Tenemos tiempo para recordar quienes somos: criaturas con historia. Criaturas de conversaciones toscas, arriesgadas y cara a cara". Por eso "es hora de recuperarlo". Porque hablar no cuesta nada, pero la conversación no tiene precio.
¿Qué podemos hacer desde ya? Pautas de Turkle
·         No vayas a todas partes con un dispositivo en la mano
·         Disminuye la velocidad, aprende a escuchar tu voz interior. Tómate tu tiempo y tómate tiempo para estar tranquilo.
·         Crea espacios sagrados para la conversación.
·         Habla con la gente con la que no estés de acuerdo. Nuestros prejuicios afectan tanto a nuestra conversación como nuestras distracciones,
·         Intenta evitar pensar en términos dicotómicos. El mundo digital se basa en elecciones binarias, pero nuestro pensamiento no puede operar de ese modo.

Intenta evitar pensar en términos dicotómicos. El mundo digital se basa en elecciones binarias, pero nuestro pensamiento no puede operar de ese modo. 
SERENDIPIA
Hasta ahora yo creía que cuando yo navegaba por internet e iba de una página a otra y de esta a otra diferente, en donde descubría algo que desconocía, eso no tenía un nombre, pero hoy he descubierto, gracias a Borja Monsalve que se llama:
SERENDIPIA
“Serendipia” es una palabra que no encontraremos en el diccionario de la Real Academia Española. Proviene del inglés “serendipity”, y fue utilizada por primera vez por Horace Walpole hará 250 años, cuando hacía referencia al cuento de hadas persa “Los tres príncipes de Serendip”, quienes estaban siempre “haciendo descubrimientos, accidentales y sagaces, de cosas que no buscaban”.
La serendipia se describe normalmente como el proceso accidental e inesperado por el cual descubrimos algo que en realidad no estábamos buscando.
Podríamos pensar que la serendipia es entonces lo mismo que la “chiripa” o la pura suerte. La realidad no es tan simple en este caso, ya que son muchos los autores que consideran que hay algo más detrás de todo el proceso.
La noción del verdadero significado de la serendipia está más ligada a numerosos descubrimientos realizados en el mundo científico, que si bien podría pensarse se produjeron por casualidad, no es menos cierto que se dieron gracias a que sus autores se encontraban atentos y abiertos a lo inesperado (aunque  buscasen otra cosa, eso sí). Se trata por tanto de un proceso activo, no pasivo.
Existen infinidad de ejemplos al respecto, como el descubrimiento de América por parte de Cristobal Colón (quien en realidad pretendía encontrar una ruta hacia las Indias por el oeste); el famoso episodio de Newton con la manzana; o por ejemplo la invención del velcro por parte del ingeniero George de Mestral a raiz de tener que quitarle a su perro los cardos que se le enredaban al pelo después de ir a pasear.
Algunos experimentos sugieren que la serendipia se da a partir del networking y el aprendizaje activo, especialmente cuando estamos explorando en busca de algo, y donde la distracción y la sorpresa son también factores clave.
En una Internet cada vez más sobresaturada de contenidos, los sistemas de los que nos ayudamos para acceder a la información están orientados a servirnos sólo aquello que hemos declarado que nos interesa, aislándonos de lo que hay más allá. Lo malo de esto es que hace que dejemos de llegar a contenidos o productos que desconocemos y que podrían resultarnos muy interesantes. Es por ello que en la actualidad está cobrando mucho interés enriquecer los sistemas de recomendación y de recuperación de información con elementos que permitan favorecer el descubrimiento inesperado, y por tanto el consumo de contenidos y productos que nos puedan sorprender.




Buscando y escarbando por la red me he encontrado con este artículo de Antonio Burgos. Estoy de acuerdo en su observación de que nadie se despide con la palabra ADIOS últimamente.

ANTONIO BURGOS | EL RECUADRO





ABC, 5 de febrero de 2017



¡Chao!
Si yo estuviera peor despachado de vergüenza, ya me habría buscado un montón de subvenciones de todos los gobiernos que soportamos y pagamos: nacional, autonómico, provincial y local. Incluso algo más que una subvención: una mamela fija como asesor, que es la más deseable de todas las mamandurrias. ¿Por qué lo digo? Porque me vengo fijando que, gratis et amore, o sea "sin trincá", como decía Beni de Cádiz, de hecho tengo montado aquí un Observatorio de la Lengua Española y de Las Agresiones Que Sufre sin que protesten ni la RAE ni el Instituto Cervantes. O a lo mejor no es tal Observatorio, sino algo que se lleva muchísimo más, más políticamente correcto y por lo que se trincan muchas más subvenciones, e incluso puede uno colocar allí a la parienta, dos cuñados, tres primos y un amiguete: un Centro de Interpretación. Compruebo que, como en tantas cosas, estoy haciendo el carajote, porque con mis clases de Tertulianés y de Gilipollés de hecho tengo montado aquí algo que se lleva muchísimo, y por lo que se obtienen espléndidas mamandurrias públicas y privadas: un Centro de Interpretación. Un Centro de Interpretación de la cantidad de gilipolleces que se ponen de moda en nuestra maltratada lengua española, que ojalá la defendiéramos aquí por lo menos como en Puerto Rico, ahora que los que callan como hetairas porque no sea "lengua vehicular" en la enseñanza en Cataluña se escandalizan con Trump por no sé qué de la página en español de la Casa Blanca en Internet.
En este observatorio y centro de interpretación he llegado a la conclusión de que en la ola de laicismo que nos invade, que está de moda y que se lleva muchísimo esta temporada, se está empezando a perder el "adiós", que está siendo sustituido a pasos agigantados por el "chao". Con tal de no mentar a Dios ni al despedirse son capaces de romper a hablar en italiano. Que es como he observado que sus presentadores despiden muchos programas de la radio y la televisión públicas, que pagamos todos: "Hasta mañana, ¡chao!". Hijos, ¿tanto trabajo os cuesta decir "adiós", o es que no queréis ni siquiera nombrar al Creador? El caso es que hasta la RAE, tan dada a las complacencias con la progresía y a hocicar ante lo políticamente correcto, ha aceptado en su Diccionario este italianizante "chao" como sinónimo de "adiós o hasta luego". Diga lo que diga la RAE, a mí esto del "chao" que cada vez se impone más me suena a rancia canción italiana del Festival de San Remo, a Domenico Modugno, Renato Carosone, a aquellas antiguallas: "¡Chao, chao, bambina!". ¿Ocurrirá igual en Italia? ¿Habrán también allí retirado de la circulación el "addio" para sustituirlo por el "chao"? ¿Mira que si el "Adiós a la vida" de "Tosca" es ahora el "Chao a la vida" y que le vayan dando al "e lucevan le stelle"?
Y si esto es con un simple "adiós", ni les hablo de aquellas frases de cortesía y urbanidad que aprendimos de niños y que ya están en trance de absoluta desaparición, con las que una despedida nocturna era más o menos así:
-- Hasta mañana, si Dios quiere.
-- Buenas noches nos dé Dios.
-- Vaya usted con Dios...
Ahora, por no mentar a Dios, todo se despacha con un:
-- ¡Chao, tío, hasta mañana!
Bueno, y de aquello del "que Dios guarde (q.D.g.)" que se ponía tras citar el nombre de Su Majestad el Rey, es que ni te cuento. ¿Cómo será ahora lo políticamente correcto? Pues algo así como "Don Felipe VI, ¡qué guay!". Por ahí deben de ir los tiros. Por no hablar de los que lisa y llanamente han sustituido el "adiós" no por el "chao" italiano de Raffaela Carrá, sino directamente por el comunistoide y republicanote "Salud". Desde mi observatorio y centro de interpretación sin trincar, libro de Historia en mano, me temo que estamos a tres minutos del "Salud y República" del Quinto Regimiento en la guerra.

sábado, 14 de enero de 2017

Me ha encantado este poema de Magdalena S. Blesa

Instrucciones a mis hijos

Jamás un conato de daros la vuelta
Jamás una huida, por muchos que sean
Jamás ningún miedo, y si acaso os diera,
Jamás os lo noten, que no se den cuenta
Jamás un “me rindo”, si no tenéis fuerzas
Aunque fuese a gatas, llegad a la meta
Que nadie os acuse… ¡miradme a la cara!
Que nadie os acuse de dejar a medias un sueño imposible…
(Si es que los hubiera)
Yo no los conozco,
Y mira que llevo yo sueños a cuestas
Jamás, y os lo digo como una sentencia, ¡miradme a la cara!
Jamás en la vida paséis por el lado de cualquier persona sin una sonrisa
No hay nadie en el mundo que no la merezca
Hacedle la vida más fácil, ¡miradme!
A cada ser vivo que habite la tierra
Jamás se os olvide que en el mundo hay guerra
Por pasar de largo sin gloria ni pena delante de un hombre
Y no preguntarnos qué sueño le inquieta
Qué historia le empuja,
Qué pena lo envuelve,
Qué miedo le para,
Qué madre lo tuvo,
Qué abrazo le falta,
Qué rabia le ronda,
Qué envidia lo apresa…
Jamás, y los digo faltándome fuerzas,
Si el mundo se para,
Os quedéis sentados viendo la manera de que otro lo empuje
Remangaos el alma,
Sed palanca y rueda,
Tirad de la vida vuestra y de quien sea,
Que os falte camino,
Perded la pelea contra los enanos
No sed los primeros,
Que os ganen los hombres que no tienen piernas
No sabedlo todo,
Dejad que contesten los que menos sepan
Las manos bien grandes,
Las puertas abiertas,
Anchos los abrazos, fuera las fronteras
Hablad un idioma claro, que se entienda
Si estrecháis la mano, hacedlo con fuerza
Mirando a los ojos,
Dejando una huella
Prestad vuestra vida,
Regaladla entera
Que a nadie le falte ni una gota de ella
¡Cantad!
Que cantando la vida es más bella
Y jamás, os hablo desde donde nazca
El último soplo de vida que tenga,
Jamás una huida,
Por muchos que sean…

Magdalena S. Blesa
Escritora
¡Que difícil es escribir bien!

Esta tarde,sentada tranquilamente frente a la tele y medio adormilada, he escuchado a un conocido presentador decir: "iba detrás mía" y en ese momento se me ha pasado bruscamente el sueño.
Soy curiosa pero sobre todo dudo. Dudo al escribir sobre donde poner las comas, dudo en el tema b-v o h sí o h no, dudo con los acentos, es decir, no tengo seguro nada a la hora de escribir, aunque tan solo se trate de una nota para recordarme a mi misma que tengo que recoger de la tintorería un pantalón que mandé limpiar.

¿Que ha dicho? ¿Está bien dicho? ¿lo he oído bien? Me dirijo a mi libro gordo de Pepete, es decir a Google y le pregunto a la Real Academia Española y allí he encontrado este artículo y he decidido compartirlo con todos vosotros para que la próxima vez que oigamos alguna de estas expresiones no tengamos necesidad de saltar del sofá, soltando la manta que nos envuelve en esas tardes de siesta invernal:

Detrás de mí, encima de mí, al lado mío

En la lengua culta debe evitarse el uso de adverbios como cerca, detrás, delante, debajo, dentro, encima, enfrente con adjetivos posesivos; así pues, no debe decirse detrás mío, encima suya, etc., sino detrás de mí, encima de él, etc.
El origen de este error está en equiparar el complemento preposicional introducido por la preposición de (detrás de María) con los complementos de posesión, de estructura formalmente idéntica (la casa de María). Sin embargo, se trata de construcciones diferentes: en la primera (detrás de María), el núcleo del que depende el complemento preposicional es un adverbio (detrás), mientras que en la segunda (la casa de María) es un sustantivo (casa). Puesto que los adjetivos posesivos son modificadores del sustantivo, solo si el complemento encabezado por de depende de un sustantivo puede sustituirse sin problemas por un posesivo:
la casa de María = su casa o la casa suya.
Sin embargo, los adverbios no son susceptibles de ser modificados por un posesivo, de forma que no admiten la transformación descrita:
detrás de María no equivale a *su detrás, por lo que no es admisible decir detrás suya ni detrás suyo.
En consecuencia, para discernir si es o no correcta una expresión con posesivo, debemos fijarnos en la categoría de la palabra núcleo: si es un sustantivo, será correcta (puede decirse al lado mío, pues lado es un sustantivo); pero no será correcta si se trata de un adverbio (no puede decirse cerca mío, pues cerca es un adverbio).
Para no equivocarse, resulta útil saber que si se puede usar el posesivo átono antepuesto, la construcción con el posesivo tónico pospuesto será también válida:
Estoy al lado de María > Estoy a su lado > Estoy al lado suyo (correcto)
Giraban alrededor de ti > Giraban a tu alrededor > Giraban alrededor tuyo (correcto)
pero
Estoy detrás de María > *Estoy en su detrás > Estoy detrás suyo/suya (incorrecto)
Vive cerca de ti > *Vive en tu cerca > Vive cerca tuyo/tuya (incorrecto)
Por último, es importante señalar que el posesivo pospuesto debe concordar en género con el sustantivo al que modifica; así pues, debe decirse al lado suyo (y no al lado suya), puesto que el sustantivo lado es masculino.